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La pequeña historia de Mambrú y el Cocodrilo

Adaptación de una fábula de Samaniego: " El perro y el cocodrilo"

Érase una vez…

un perro travieso y juguetón que se llamaba Mambrú.

No era de una raza especial, pero tenía unos ojos que  decían hola con sólo mirarlos .

Estaba cansado de sus cuatro paredes y quería ver más. Así que un día decidió escaparse de su casa.

No pensó que su dueña lo iba a echar mucho de menos, ni tampoco se imaginó los peligros que podía correr. Aún era un cachorrillo y no pensaba en nada más que jugar y explorar.

Fueron pasando las horas y  comenzó a tener hambre y sed. Encontró algo de pan duro  y pudo calmar un poco los ruidos que salían de su barriga. Pero la boca la tenía cada vez más seca… tanto que apenas podía abrirla. Comenzó a añorar su casa, pero su orgullo le impedía volver tan pronto.

«Mañana, volveré», se dijo. «Y ya habré cumplido mi sueño. Pero ahora lo importante es encontrar agua… me muero de sed».

Y por fin…

… Mambrú encontró un río donde poder beber.

Mientras se acercaba a la orilla vio un  bulto que se movía dentro del agua. Era un gran cocodrilo.

Pero tenía tanta sed que solo se ocurrió una cosa. Beber y seguir corriendo por la orilla.

El cocodrilo entonces le dijo. «Perrito, para y bebe tranquilo. No ves que te va a hacer daño «.

A lo que Mambrú le contestó sin detenerse. «Más daño me harás tú, si me hincas el diente.»

Y salió corriendo hacia su casa, sin esperar a que llegara mañana y sin mirar atrás…

Así fue… Jamás volvió a escaparse, con su dueña se vivía mejor.

 

Y nunca, nunca, nunca hagas caso de consejos de un cocodrilo.

Nota para los mayores

El perro y el cocodrilo  es una fábula muy cortita que  he transformado en minicuento para divertir a mi pequeña.

Un consejo: abre mucho la boca imitando al cocodrilo y le encantará.  Además ese juego de «que te pillo»  gusta sobre todo a los más pequeños.

También le he explicado que los peligros están ahí (en cualquier lugar)  y hay que estar atentos a ellos siempre. Mambrú se dio cuenta antes de beber, pero … ¿y si hubiera ido tan confiado al río, sin fijarse en nada más?

Recordadles que: Hay que ser precavidos siempre.

Muchos habréis reconocido el nombre de este perro tan espabilado… Así que si os animáis podéis cantarles  esa vieja canción infantil.

Espero que os haya gustado este sencillo relato y si lo vuestro son las historias de animalitos traviesos os recomiendo la historia del mono y el pez

¿No la conocéis?

Bueno pues yo os la cuento.